Vivir en el centro de una ciudad tiene sus ventajas y también sus inconvenientes. Pero para muchas personas es la opción más atractiva, entre otras cosas porque tienen la posibilidad de conseguir casas de dos plantas unifamiliares en pleno núcleo urbano. El problema es que en muchos casos los cascos antiguos están protegidos por leyes muy estrictas y los propietarios, personas muy mayores, no se animan a rehabilitar sus viviendas. Los herederos acaban vendiéndolas en estado semirruinoso, algo que es una buena oportunidad ya que el comprador paga el valor del suelo.

Empieza entonces la aventura de rehabilitar vivienda en pleno casco antiguo de una ciudad. Para eso, el primer paso es tener un proyecto sólido y acorde a las normas impuestas por el ayuntamiento o por otros organismos oficiales. En Patrimonio y Urbanismo pueden dar toda la información sobre ese tema.

Una vez que el proyecto está aprobado llega el momento de comenzar a realizar el proyecto. En muchos casos, la misma empresa que realiza la reforma de la casa se encarga también del proyecto inicial ocupándose de todos los trámites. Pero en otros, la empresa de reformas no ofrece servicio integral para el proyecto y se limita solo a los trabajos.

Aunque hay que ceñirse a las exigencias marcadas en fachadas y materiales, en el interior de las viviendas siempre hay margen para la personalización. Los resultados pueden ser muy buenos tanto si se opta por el contraste entre una fachada muy clásica y un interior moderno como si se decide darle a la vivienda cierto aire vintage, muy de moda y que encaja perfectamente con la filosofía de estas casas rehabilitadas.

El resultado es un verdadero lujo, una vivienda en el centro de la ciudad con aspecto antiguo, pero con todas las modernidades y en una situación envidiable. No en vano los cascos antiguos de las ciudades se han convertido en objeto de deseo de muchas personas que quieren vivir en el centro y tener un piso muy especial.

En ocasiones, se encuentran con casas de esas que literalmente ya no se hacen, como pisos con techos muy altos, totalmente exteriores y con habitaciones grandes que permiten jugar con las distribuciones e incluso instalar habitaciones en altillos, aprovechando el espacio casi como si se tratara de un dúplex. En muchos casos, se aprovecha para realizar varios apartamentos partiendo de un piso, que a continuación se alquilan consiguiendo así amortizar la inversión.